
José Mujica, el ex presidente de Uruguay, ofreció una entrevista en la que abordó diversos temas de relevancia internacional, reflexionando sobre el papel de Inglaterra en la independencia de Uruguay, los conflictos en Medio Oriente y Ucrania, la fragmentación de América Latina y el impacto del consumismo en la sociedad moderna. Desde su granja en las afueras de Montevideo, Mujica dialogó con el periodista británico Matt Kennard, compartiendo una perspectiva crítica y reflexiva sobre la situación global actual y el papel de América Latina en el escenario mundial.
Mujica comenzó hablando sobre la historia de Uruguay y la intervención de Inglaterra en su independencia, un tema que considera fundamental para entender el papel de su país en la región. Recordó que la independencia de Uruguay fue garantizada por el Reino Unido mediante el Tratado de Montevideo en 1828. Inglaterra, representada por el diplomático Viscount Ponsonby, estableció a Uruguay como un estado independiente que serviría como “zona de amortiguación” entre Brasil y Argentina. Mujica destacó que esta estrategia respondió a intereses británicos en el control de territorios estratégicos y en la promoción de rutas comerciales. Según él, el vínculo con el Imperio Británico fortaleció la economía uruguaya en sus primeras décadas, posicionando al país en un nivel de prosperidad que se mantuvo hasta mediados del siglo XX.
Sobre el conflicto actual entre Israel e Irán, Mujica advirtió que las tensiones en Medio Oriente representan un riesgo significativo para la estabilidad mundial. En su opinión, el enfrentamiento entre ambas naciones está influenciado por intereses geopolíticos que podrían provocar un conflicto de mayor escala. “Detrás de ese ataque, ¿no estarán buscando un conflicto con Irán?”, se preguntó. Mujica destacó la importancia de Irán en términos de recursos energéticos, y señaló que una escalada de tensiones afectaría de inmediato al mercado mundial del petróleo, con repercusiones en la economía global.
El ex presidente también estableció una conexión entre este conflicto y la guerra en Ucrania. Mujica expresó que la guerra entre Rusia y Ucrania, lejos de ser un evento inesperado, fue el resultado de años de advertencias ignoradas. En su opinión, este conflicto pudo evitarse si las potencias hubieran tomado en cuenta las preocupaciones de Rusia desde el principio. Sin embargo, lamentó que la falta de una política internacional verdaderamente comprometida con el bien común haya llevado al mundo a un estado de tensión continua. Para Mujica, la situación en Ucrania podría derivar en una catástrofe global si no se encuentra una solución pacífica a corto plazo.
Mujica también hizo un llamado a la unidad en América Latina, lamentando la falta de cohesión en el continente. A su juicio, la región sufre las consecuencias de una fragmentación histórica que se evidenció durante la pandemia de COVID-19. Según sus palabras, América Latina representó el 6,7% de la población mundial pero sufrió el 30% de las muertes por el virus, un dato que refleja la falta de coordinación en momentos críticos. Para Mujica, la ausencia de un esfuerzo conjunto entre los países latinoamericanos limita su capacidad de negociación y los debilita en el escenario global, impidiéndoles enfrentar los desafíos comunes de manera efectiva.
En la entrevista, Mujica también reflexionó sobre su propia historia, recordando los años que pasó en prisión durante la dictadura militar en Uruguay. Ese tiempo en aislamiento, sin acceso a libros, lo llevó a replantearse sus convicciones ideológicas. Mujica confesó que sus años en prisión lo obligaron a reflexionar y cuestionar su militancia en la guerrilla y su adhesión al leninismo, que finalmente abandonó al considerar que promovía una burocracia que iba en contra del espíritu revolucionario. Aunque sigue identificándose con el socialismo, Mujica sostiene que el modelo no puede aplicarse con éxito en sociedades pobres, pues estas enfrentan limitaciones económicas que dificultan el desarrollo de un sistema verdaderamente inclusivo.
Otro de los puntos importantes de la conversación fue la crítica de Mujica al consumismo y a la obsolescencia programada, que considera una “locura”. El expresidente cuestionó el modelo de producción actual, en el que los bienes están diseñados para durar poco tiempo, lo cual genera un círculo de consumo constante que degrada el medio ambiente y afecta la libertad individual. Para Mujica, el consumismo representa una amenaza a la libertad, ya que fomenta necesidades artificiales que terminan absorbiendo el tiempo y los recursos de las personas. Comparó este fenómeno con la sociedad ateniense, donde el ocio y el tiempo libre permitieron el desarrollo de la filosofía, el teatro y la democracia. Mujica ve el consumismo como una barrera que impide a los individuos tener tiempo libre y cuestionarse el sistema en el que viven.
Al final de la entrevista, Mujica compartió su visión sobre la verdadera libertad, una idea que ha desarrollado a lo largo de su vida como político y pensador. Para él, la felicidad no radica en acumular bienes materiales, sino en llevar una vida sobria que permita a las personas disfrutar de lo esencial y tener tiempo para dedicarse a lo que realmente valoran. En sus palabras, “vivir feliz según lo que llevamos dentro” es el camino hacia una libertad auténtica, una libertad que no depende de las posesiones sino de la paz interior y la satisfacción con uno mismo.